Olvídate de todo. Olvida todo lo que te he hecho, todo lo que te he dicho, todas las emociones que te he provocado: olvídate de mí, sólo te causo dolor. Aunque te haga reír, creer que puedes amar, todo enmascara una terrible y aguda sombra de dolor. ¿No lo ves? Déjame, por favor. No te merezco; no merezco a alguien tan ideal; no mereces a alguien que cada poco haga que te comas la cabeza, provocando tus radicales cambios de estados de ánimo, provocando que desconfíes de ella porque no quieres que haga nada que no te gustaría. Y si un día llegan esas noticias que tanto te desagradan, ¿qué?¿Qué harías? No podrías soportarlo, no serías capaz; tendrías que olvidarlo para poder continuar. ¿Por qué no abandonarlo todo ahora, antes de que empiece, antes de que dependas de mí? No quiero causarte daño, y lo estoy haciendo. Intento no pisar en falso y el suelo entero se quiebra, bajo mi propio peso, allá donde vaya. Será verdad que las personas que más nos quieren, son las que más daño nos hacen. Pero por mucho que te quiera, aunque intente negarlo ante todos empezando por mí misma, puedo decir con absoluta certeza y seguridad, sin ya nunca echarme atrás, que si tengo que abandonarte para no causarte dolor, lo haré. ¿No te das cuenta de lo mucho que me duele tenerte así como estás? Perdóname, por favor, perdóname. No soy perfecta, ni lo seré; estoy lo más alejada posible de alcanzar la perfección, algo que ni siquiera existe realmente. Date cuenta, pues, de lo imperfecta que soy. Con esto quiero que me comprendas y que me perdones por todo. Lo siento, lo siento de verdad, y lo siento porque es amor y sé que lo es; tal vez aún no absoluto, tal vez sería pronto para decirte que te quiero, el te quiero de un amor ideal y platónico, un amor muy de Bécquer. Pero no es pronto para decirte que es amor, no es pronto para decirte que me has descongelado el corazón y que lo has hecho tuyo. Quiero que sepas que, aunque ya me haya alejado de ti, aunque tenga el corazón en restauración, te querré para siempre, amor.
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sábado, 25 de enero de 2014
viernes, 29 de noviembre de 2013
Máscara de seda.
Otra vez. Sola. Como en los inicios. Pero esta vez por propia voluntad.
La acusan de haberse vuelto fría, como si no tuviese alma, de volverse calculadora y mordaz, de impacientarse y cabrearse. ¿Y qué quieren que le haga? Los que saben la verdad, el motivo de su temperamental forma de ser, optan por callarse.
Camina con rabia por las calles lúgubres, respirando la contaminación y el gris, rodeada de desprecio, odio, ira, impotencia, dolor, incomprensión. Quiere que todos sufráis lo indebido, torturaros hasta que supliquéis piedad, sentirse altiva e imponente y no tener misericordia para nadie.
Ella es así, ese es el monstruo que habéis despertado del obscuro, la que podría ser comandante suprema del tercer reich, la que siente un amor intenso por la consternación ajena, la que disfrutaría viendo como, uno a uno, caéis. O cree ser así.
No busca ayuda, no la necesita, quiere demostrar al mundo, y tal vez a sí misma, que es fuerte y que puede con todo. Que da igual lo que se le venga encima, porque no puede estar ya en peores condiciones.
No obstante, su corazón ennegrecido sufre; su alma, herida de muerte, se desangra; y sus ojos, enrojecidos e hinchados han liberado más lágrimas de lo que le(s) hubiera gustado.
Busca el amor, pero parece que el amor no está hecho para ella. Lo busca, parece que va a conseguirlo y nunca acaba de encontrarlo. Solo pasiones desenfrenadas de una noche, que le llenan el cuerpo pero no le vacían el alma. Luego, sin piedad, quiebra los corazones de los pobres infelices que van a parar en medio de la escalera que es su destino.
Que la perdonen, ya que no vive, sobrevive; porque a eso por lo que pasa no se le puede llamar vida, si sólo se limita a existir como la más efímera de las cosas que habitan con vida en nuestro planeta.
Mi chica perfecta. Mi Iron Lady, mi musa, mi rendición. Deja de tratar ir por tu cuenta, sola, sin que nadie te ayude. Abre el corazón.
Yo te enseñaré a sonreír de nuevo, yo estaré a tu lado en todo momento; no voy a permitir que te caigas, no lo haré. Vas a superar esto, ¿y sabes por qué? Porque eres de las personas más fuertes que he visto. Sí, vale, tienes tus altibajos, tus manías, tus rarezas y todo lo que tú quieras, y eso te hace humana; pues si sólo fueses esa chica que va siempre con la armadura de valeroso guerrero, con esa sonrisa(que dice 'Soy muy fuerte e inteligente; puedo con todo lo que me proponga.'), con ese aura de felicidad contagiosa, ¿de seguro no serías una divinidad?
Rompe tu escudo, tu coraza, olvídate del daño que te pueden llegar a provocar. Ya no puedes estar peor, haz de eso una baza a tu favor, ellos no lo saben, no saben cuán marchita estás. Destrúyelos, destruye todo cuanto quieras, tienes el poder suficiente para ello; lo sabes, ¿no?¿Cuántas veces ya has causado destrucción a tu paso?
Tú, gato negro, sellada con el número trece. No habrá paz, no habrá piedad, no habrá luz. La complaciente y letal dama de hierro. Si todos se enterasen de lo que tienes bajo esa fina capa llamada piel... Pero es mejor así, o al menos eso crees. ¿Cuánto tiempo más vas a esperar a que alguien se dé cuenta y venga a salvarte de la oscuridad?
La acusan de haberse vuelto fría, como si no tuviese alma, de volverse calculadora y mordaz, de impacientarse y cabrearse. ¿Y qué quieren que le haga? Los que saben la verdad, el motivo de su temperamental forma de ser, optan por callarse.
Camina con rabia por las calles lúgubres, respirando la contaminación y el gris, rodeada de desprecio, odio, ira, impotencia, dolor, incomprensión. Quiere que todos sufráis lo indebido, torturaros hasta que supliquéis piedad, sentirse altiva e imponente y no tener misericordia para nadie.
Ella es así, ese es el monstruo que habéis despertado del obscuro, la que podría ser comandante suprema del tercer reich, la que siente un amor intenso por la consternación ajena, la que disfrutaría viendo como, uno a uno, caéis. O cree ser así.
No busca ayuda, no la necesita, quiere demostrar al mundo, y tal vez a sí misma, que es fuerte y que puede con todo. Que da igual lo que se le venga encima, porque no puede estar ya en peores condiciones.
No obstante, su corazón ennegrecido sufre; su alma, herida de muerte, se desangra; y sus ojos, enrojecidos e hinchados han liberado más lágrimas de lo que le(s) hubiera gustado.
Busca el amor, pero parece que el amor no está hecho para ella. Lo busca, parece que va a conseguirlo y nunca acaba de encontrarlo. Solo pasiones desenfrenadas de una noche, que le llenan el cuerpo pero no le vacían el alma. Luego, sin piedad, quiebra los corazones de los pobres infelices que van a parar en medio de la escalera que es su destino.
Que la perdonen, ya que no vive, sobrevive; porque a eso por lo que pasa no se le puede llamar vida, si sólo se limita a existir como la más efímera de las cosas que habitan con vida en nuestro planeta.
Mi chica perfecta. Mi Iron Lady, mi musa, mi rendición. Deja de tratar ir por tu cuenta, sola, sin que nadie te ayude. Abre el corazón.
Yo te enseñaré a sonreír de nuevo, yo estaré a tu lado en todo momento; no voy a permitir que te caigas, no lo haré. Vas a superar esto, ¿y sabes por qué? Porque eres de las personas más fuertes que he visto. Sí, vale, tienes tus altibajos, tus manías, tus rarezas y todo lo que tú quieras, y eso te hace humana; pues si sólo fueses esa chica que va siempre con la armadura de valeroso guerrero, con esa sonrisa(que dice 'Soy muy fuerte e inteligente; puedo con todo lo que me proponga.'), con ese aura de felicidad contagiosa, ¿de seguro no serías una divinidad?
Rompe tu escudo, tu coraza, olvídate del daño que te pueden llegar a provocar. Ya no puedes estar peor, haz de eso una baza a tu favor, ellos no lo saben, no saben cuán marchita estás. Destrúyelos, destruye todo cuanto quieras, tienes el poder suficiente para ello; lo sabes, ¿no?¿Cuántas veces ya has causado destrucción a tu paso?
Tú, gato negro, sellada con el número trece. No habrá paz, no habrá piedad, no habrá luz. La complaciente y letal dama de hierro. Si todos se enterasen de lo que tienes bajo esa fina capa llamada piel... Pero es mejor así, o al menos eso crees. ¿Cuánto tiempo más vas a esperar a que alguien se dé cuenta y venga a salvarte de la oscuridad?
sábado, 16 de marzo de 2013
Ida y vuelta.
Ahora que está ahí, a tu lado, hazme este favor.
Quiérela como yo nunca pude hacerlo.
Me faltó tiempo; si no, le hubiera dado todo.
En este preciso instante lo necesita más que nunca.
Da igual que se haga la fuerte, con su característico fingido aire de desinterés total, mientras lees esto.
No hay que decir, si la conoces, que estará pensando en sus cosas, cuidando de no exteriorizar sus sentimientos.
Pero, ¡ay!, ¿la has visto cuando, sin querer, se le escapa una de esas sonrisas suyas tan maravillosas que tiene? Que la ves y se te contagia esa alegría y esas ganas de vivir la vida, esa forma de vivir cada segundo como si fuera el último. ¿No es cierto que no necesitas más?
Ella ya es preciosa de por sí sola, pero así está aún más preciosa, todo hay que decirlo. Incluso triste sigue estando preciosa. Sé que no permitirás que esté triste y harás lo que sea por sacarle una sonrisa, como yo, como todos los que la conocen. Una vez que consigas una leve sonrisa, no te conformes con un gracias porque, querido amigo, tratará de engañarte con eso. Cuando se levante, te abrace, te mire a los ojos y puedas asomarte al borde del abismo de los suyos; solo así, será su verdadero gracias y habrás ganado la batalla contra su tristeza.
Tendrás que ser paciente con ella, porque es una cabezota y no se deja apenas influenciar, es de esas personas que tienes que repetírselo muchísimas veces para que te crea a medias, con suerte.
Oh, cielos, la echo tanto de menos... Añoro todo lo que tenga que ver con su ser. Añoro incluso esos brotes de euforia que tenía, que eran como un momento de liberación de toda su energía contenida. Yo la miraba, asombrado y extasiado al mismo tiempo, sintiéndome especial por tenerla a mi lado, a ese pequeño tornado que no se estaba quieto ni un segundo, que transmitía la vida.
Mis días favoritos eran sus días tranquilos, aunque tan tranquilos no eran, pero siendo como es ella, podría decirse que sí. Los recuerdo muy bien. Su gesto era alegre y sereno, y sus ojos miraban a todas partes, captando con su mente todos los recuerdos que podía y extasiándose con lo único que, según ella me decía, nunca dejaría de sorprenderla y amaría para siempre: la vida. Hasta cada ínfimo detalle lo supervisaba, no se le pasara algo por si luego, su curiosidad sintiera como un vacío de saber. Y en esos instantes, cuando sólo se escuchaba nuestra respiración, se giraba hacia mí y me miraba con un gesto de fastidio, por espiar su intimidad que no me incumbía para nada. Entonces me saltaba encima y me atacaba donde podía suavemente, para no hacerme daño; y yo, para no hacerla daño, la dejaba hacer.
Sí, es mi debilidad. Tiene ese todo que me encanta, que me hace vulnerable frente suyo y que hace que se convierta en la niña de mis ojos. Pero sobre todo, son esos ojos suyos que me tienen loco, pequeños soles negros que si se fundieran verías en ellos lo más hondo de su ser.
Ahora yo estoy demasiado lejos para poder ayudarla, para poder quererla como la he querido, para sentirla a mi lado como siempre una última vez.
Por eso te pido que cuides a mi estrella guía, la que despunta al alba.
Si tú también te has perdido como ella, o con ella, abrázala cuando la situación lo pida, no la descuides en ningún momento y no la dejes irse de tu lado jamás.
Si te vas, intentará no entristecerse; pero con toda seguridad, perderás a esta pequeña para siempre, y para siempre puede ser mucho tiempo.
Mis días favoritos eran sus días tranquilos, aunque tan tranquilos no eran, pero siendo como es ella, podría decirse que sí. Los recuerdo muy bien. Su gesto era alegre y sereno, y sus ojos miraban a todas partes, captando con su mente todos los recuerdos que podía y extasiándose con lo único que, según ella me decía, nunca dejaría de sorprenderla y amaría para siempre: la vida. Hasta cada ínfimo detalle lo supervisaba, no se le pasara algo por si luego, su curiosidad sintiera como un vacío de saber. Y en esos instantes, cuando sólo se escuchaba nuestra respiración, se giraba hacia mí y me miraba con un gesto de fastidio, por espiar su intimidad que no me incumbía para nada. Entonces me saltaba encima y me atacaba donde podía suavemente, para no hacerme daño; y yo, para no hacerla daño, la dejaba hacer.
Sí, es mi debilidad. Tiene ese todo que me encanta, que me hace vulnerable frente suyo y que hace que se convierta en la niña de mis ojos. Pero sobre todo, son esos ojos suyos que me tienen loco, pequeños soles negros que si se fundieran verías en ellos lo más hondo de su ser.
Ahora yo estoy demasiado lejos para poder ayudarla, para poder quererla como la he querido, para sentirla a mi lado como siempre una última vez.
Por eso te pido que cuides a mi estrella guía, la que despunta al alba.
Si tú también te has perdido como ella, o con ella, abrázala cuando la situación lo pida, no la descuides en ningún momento y no la dejes irse de tu lado jamás.
Si te vas, intentará no entristecerse; pero con toda seguridad, perderás a esta pequeña para siempre, y para siempre puede ser mucho tiempo.
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