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martes, 2 de febrero de 2016

Inherencia.

Me desencajé los huesos y abrí el corazón a las nubes borrascosas del ocaso.
Me quemé los dedos y busqué la primavera en las hojas que deja el invierno tras de sí.
Me calenté las manos suspirando sobre ellas y vislumbré recuerdos de un pasado marchito.
Me lamí los labios y encontré un corte vertical que quemaba al tocarlo, como algunas viejas heridas.
Me miré en el espejo y me descubrí despeinada, somnolienta, viva y muerta, fría.
Me golpeé contra sentimientos ininteligibles y me hallé esperpéntica buscando darles cabida.
Me desabroché los botones de la camisa y me anudé la faringe para no hablar de más.
Me senté sobre la mesa y calculé los minutos que quedaban para alcanzar la cúspide del aburrimiento.
Me asomé desnuda a la ventana y liberé lo que quedaba encerrado de mí como mujer.
Me sorprendí al pensar que hoy era lunes y descarté alunizar al ver que ya era martes.
Me dibujé a lápiz sobre una vieja libreta y coloreé el papel con tonos azules pastel.
Me olvidé de que aún quedaban cosas por decir y me escapé hacia mí misma en búsqueda de paz.
Me dispuse a desarrollar otro día más y me hice poesía sin prestar atención.
Me taladré que el arte no tiene por qué ser bello y me acordé de que sólo debe hacernos sentir algo.

lunes, 25 de enero de 2016

Cohete.

Qué te voy a contar de esa muchacha que incendia ciudades. Arrasa tierras, mares, cielos; lo que se le encuentre.
Podría incinerarte y no te darías cuenta del momento en que va a prender la llama. Estarías tan absorto descifrando sus ojos de espiral que, cuando te vieses reflejado en ellos, sólo verías fuego crepitante.
Que te voy a contar de esa muchacha que suma inviernos. Las primaveras le traen deshielo a los labios y hacen de su cabeza psicodelia.
Podría no contar contigo y aún así soplarte tártaro directo a tus pulmones. Estarías tan paralizado por el hielo que, cuando sintieses el calor punzante, se habría vuelto humo y dejaría que la llevase el aire.
Que te voy a contar de esa muchacha que besa estrellas. La noche la despierta por las mañanas mientras el sol se cubre tímido, como eclipsado.
Podría besarte los párpados y devolverte la luz que alguna vez te fue arrebatada. Estarías tan pausado que, cuando vieses con total claridad el mundo que te rodea, comenzarías a razonar a velocidades vertiginosas.
Que te voy a contar de esa muchacha que baila colores. La sinfonía azul y verde no se compara a la rojinegra.
Podría leerte la escala de naranja atardecer y convertirte en un bello prisma. Estarías tan puro y cristalino que, aún queriendo encerrarlo dentro, se te escaparía el más grande secreto.
Que te voy a contar de esa muchacha que escribe emociones. La tinta corre por sus venas, llenándola, agitándola, murmurándola.
Podría darte a probar una de sus palabras concebidas de metástasis, por gratificar la tentación de codearse con las musas. Estarías tan desconcertado con esa mente impropia que, suave y lentamente, el dulce veneno te exprimiría hasta secar las hojas que forman tu piel.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Contracorriente.

Lo que más duele, dolió o va a doler no es la curiosa y cruel circunstancia de que 7 sean los pecados capitales, que 7 sea parte de mi número favorito y que 7 sean los amantes que he atravesado con mis labios en tu nombre, o al revés.
Lo que más duele es que te envuelva en una sacudida eléctrica sin dejar de sonreír, con esa maldita sonrisa feroz que tanto quieres morder y abrirle las costuras; que ese relámpago te envíe a tu próximo camino, a la boca de lo desconocido. Después de haber conseguido avanzar y salir de la zona de confort... "Algo verdaderamente increíble, he de decir: nunca lo creí capaz." Tras finalmente conseguir formar un todo, y cuando digo todo me refiero a la importancia que tuvo, tiene y tendrá esta historia, llegó el rayo que precede a la tormenta, dejando de respetar treguas y fronteras.
Lo que más dolió fue tener que guardar nuestras vidas enteras en las maletas, aunque nunca hubiesen estado realmente en un solo lugar, pues tenemos por costumbre anochar en varias personas. Sí, tener que hacer una elección que era sólo mía, tener que decir adiós por -puede que- última vez. Quizá sea así como debe ser, llevar cada alterada vida por su justo camino, y aunque fuese dicho muchas veces "cambiaría mi forma de ser por ti, para que todo fuese mejor", no importa ya; bien sabes que se intentó todo, pero no fue suficiente.
Lo que más va a doler es lo único que se me ocurre decir, que después de todo, seguiremos en el camino. Decir que todo terminó pero seguimos amándonos igual, queriendo no hacernos daño. Decir que pecamos y enviarnos al infierno, decir ingenuos masoquistas si volvemos a cerrar los ojos. Decir que fuimos la persona favorita del planeta, decir que fuimos la peor por saber jugar las cartas. Decir que sólo visitábamos los fines de semana y cuando pasamos a entregarnos en cuerpo, mente y alma, acabamos por perdernos. Decir que nada es eterno y encerrar el mar en las pupilas, el fuego en la sangre, el viento en la garganta y la tierra en los labios. Decir que siempre nos llevaremos guardados dentro, por intentar curar nuestros rotos corazones y vidas.